Hay mordidas que no se corrigen moviendo dientes, porque el problema está en la posición de los huesos. En nuestra clínica de Mirasierra, en Madrid, hacemos el estudio, planificamos el caso y llevamos la ortodoncia antes y después de la intervención, coordinados con tu cirujano maxilofacial.

Estudiamos la relación entre maxilar y mandíbula con radiografía 3D y análisis facial, no solo la alineación de los dientes.
La Dra. Julia García Baeza prepara tu mordida para la cirugía y la ajusta al milímetro cuando los huesos ya están en su sitio.
Trabajamos mano a mano con el cirujano maxilofacial: misma planificación, mismos objetivos y un calendario claro de principio a fin.
La cirugía ortognática es la intervención con la que un cirujano maxilofacial reposiciona el maxilar superior, la mandíbula o ambos para devolverles una relación correcta. Se plantea cuando la desproporción entre los huesos es lo bastante grande como para afectar a la masticación, a la respiración o al equilibrio de la cara, y la ortodoncia por sí sola no puede compensarla.
No es un tratamiento aislado: forma parte de un plan combinado que empieza y termina con ortodoncia. Nosotros nos ocupamos de esa parte —el estudio, la preparación de la mordida y el ajuste final— y la cirugía se realiza en quirófano hospitalario, con el cirujano maxilofacial con el que trabajamos habitualmente o con el que tú prefieras.

No toda maloclusión necesita cirugía. La clave está en si el problema es dental —dientes mal colocados sobre unos huesos bien proporcionados— o esquelético, cuando el propio hueso está adelantado, retrasado o desviado. Estos son los casos en los que solemos plantear un tratamiento combinado:
Es un proceso largo —entre dos y tres años de media— pero muy pautado. Esto es lo que hacemos en cada etapa y en qué momento entra el cirujano.
Radiografía 3D, fotografía, escaneado intraoral y análisis de la relación entre los huesos. Con esos datos definimos junto al cirujano maxilofacial qué movimiento hay que hacer y cuánto.
Entre doce y dieciocho meses colocando cada arcada en su sitio, normalmente con ortodoncia con brackets, que da un control muy fino de cada diente. Es normal que la mordida parezca empeorar durante esta fase: estamos deshaciendo lo que el cuerpo había compensado.
La realiza el cirujano maxilofacial en quirófano, con anestesia general y por dentro de la boca, así que no deja cicatrices visibles. El ingreso suele ser de una o dos noches.
A las pocas semanas retomamos los ajustes finos —con brackets o con alineadores transparentes— para encajar la mordida al detalle. Después, una fase de retención para que el resultado se mantenga en el tiempo.
El cirujano elige la técnica según qué hueso haya que mover y en qué dirección. Estas son las intervenciones más habituales dentro de un tratamiento combinado.
Se actúa sobre el maxilar superior para adelantarlo, retrasarlo, subirlo o bajarlo. Es la que corrige la mordida abierta y buena parte de las sonrisas gingivales de origen óseo.
Permite avanzar o retroceder la mandíbula. Es la indicada en las clases II con el mentón retraído y en muchos prognatismos.
Se mueven maxilar y mandíbula en la misma intervención. Da mucho más margen para corregir asimetrías y desproporciones grandes.
Un ajuste del mentón que suele acompañar a las anteriores para afinar el perfil y equilibrar el tercio inferior de la cara.
Las dos primeras semanas son las más incómodas, sobre todo por la inflamación. A partir de ahí la mejoría es rápida y bastante predecible. El cirujano marca las pautas y nosotros retomamos la ortodoncia en cuanto da el visto bueno.

Así documentamos cada caso: la misma fotografía, con el mismo encuadre y la misma iluminación, al empezar el tratamiento y una vez terminada la fase de ajuste final.

En un tratamiento combinado el cambio no está solo en los dientes. Al recolocar los huesos cambia también la forma en que encajan las arcadas y el equilibrio del tercio inferior de la cara, y eso se ve mejor de frente y de perfil que en una radiografía suelta.
Por eso repetimos el registro fotográfico en cada fase: al inicio, antes de la cirugía y al terminar la ortodoncia. Es la forma de comprobar que lo planificado en 3D se corresponde con el resultado real.
Caso real de un paciente de CIMA Dental, publicado con su consentimiento. Cada caso es distinto: el resultado y los plazos dependen del punto de partida y del plan de tratamiento acordado.

«Llevaba toda la vida con la mandíbula adelantada pensando que era solo estético, hasta que empecé a notar dolor al masticar. Me explicaron desde el principio que iba a ser largo y me acompañaron en cada fase. Hoy mastico bien por primera vez.»
No. La intervención la realiza un cirujano maxilofacial en quirófano hospitalario. En CIMA nos ocupamos del diagnóstico, de la planificación conjunta y de toda la ortodoncia, antes y después. Trabajamos con cirujanos de confianza y, si ya tienes el tuyo, nos coordinamos con él sin problema.
Entre dos y tres años de media: alrededor de año y medio de ortodoncia prequirúrgica, la cirugía, y de seis meses a un año más de ajuste y retención. Depende mucho del punto de partida.
Cuando el crecimiento óseo ha terminado: en general a partir de los 18 años en mujeres y de los 20 o 21 en hombres. Antes se puede ir preparando el caso con ortodoncia, pero no operar.
No. Las incisiones se hacen por dentro de la boca, así que no quedan marcas visibles. Sí es normal tener inflamación y algún hematoma durante las primeras semanas.
Suele serlo menos de lo que la gente espera. Molesta más la inflamación y la sensación de rigidez que el dolor en sí, y se controla bien con la medicación pautada. La alteración de la sensibilidad del labio inferior es frecuente y casi siempre temporal.
Porque es lo que toca. El cuerpo había compensado la mala posición de los huesos inclinando los dientes, y para que el cirujano pueda colocarlos donde deben ir hay que deshacer esa compensación. Es una fase incómoda pero imprescindible.
En casos con una indicación funcional clara puede tramitarse por la sanidad pública o por un seguro, aunque los criterios y los plazos varían mucho. Te orientamos sobre qué informes pedir, pero la decisión no depende de nosotros.
Hay que sumar dos presupuestos: el de la ortodoncia, que llevamos nosotros, y el de la cirugía y el ingreso hospitalario, que da el cirujano. El precio depende de cuántos huesos haya que mover y de la complejidad del caso. En la valoración te damos el desglose completo antes de empezar.
Si el problema es esquelético, la ortodoncia puede disimularlo inclinando los dientes, pero no cambia la posición de los huesos ni siempre da un resultado estable a largo plazo. En la valoración te explicamos con pruebas qué se puede esperar de cada opción.
Cambia el perfil, sobre todo el tercio inferior, y en muchos casos ese es justo el objetivo. Con la planificación en 3D podemos enseñarte una previsión del resultado antes de que decidas nada.
Pide una valoración de ortodoncia. Estudiamos si tu problema es dental o esquelético y te explicamos, con las pruebas delante, qué opciones tienes.
Cuéntanos tu caso y estudiaremos la relación entre tus maxilares para decirte si tu problema es dental o esquelético. Estamos en Mirasierra, Madrid.
Hemos recibido tu solicitud. Te contactaremos muy pronto para confirmar tu cita.