La forma en que un niño vive su primera cita marca cómo irá al dentista el resto de su vida. En nuestra clínica de Mirasierra, en Madrid, la Dra. Lilia Díaz Alonso dedica el tiempo que haga falta a que tu hijo entienda lo que va a pasar antes de tocarle nada, y trata solo lo que hay que tratar.

La primera cita suele ser solo para conocernos: enseñarle el sillón, el espejo y el aspirador, y comprobar que la boca está bien.
Selladores, flúor y control de la placa. Cuanto antes actuamos, menos anestesia y menos torno hacen falta después.
Te enseñamos las imágenes, te explicamos qué vemos y qué haríamos. Sin tecnicismos y sin prisa.
La odontopediatría, lo que la mayoría de la gente llama simplemente dentista infantil, es la especialidad que se ocupa de la boca de los niños desde que sale el primer diente hasta que termina el recambio, alrededor de los doce o trece años. No es odontología de adultos en pequeño: los dientes de leche tienen una estructura distinta, las caries avanzan mucho más rápido y la forma de trabajar con un niño tiene poco que ver con la de un adulto.
Además de tratar lo que ya ha aparecido, buena parte del trabajo es vigilar cómo crecen los maxilares y cómo se recambian los dientes, para detectar a tiempo lo que se corrige mejor cuanto antes. Cuando hace falta, coordinamos el caso con nuestro equipo de ortodoncia.

La primera visita debería ser pronto, aunque no pase nada: al cumplir el primer año o poco después de que salga el primer diente. A partir de ahí, revisiones cada seis meses. Y sin esperar a la revisión si aparece algo de esto:
La primera cita es corta y casi siempre indolora. El objetivo no es resolverlo todo ese día, sino que salga con ganas de volver.
Le enseñamos la consulta, el sillón y los instrumentos, y le dejamos tocarlos. Explicamos cada cosa con palabras que entienda antes de usarla.
Revisamos dientes, encías, mordida y frenillos. Si hace falta ver entre los dientes o los definitivos que vienen, hacemos una radiografía con dosis mínima y protección.
Con las imágenes delante te explicamos qué vemos, qué es urgente, qué se puede vigilar y qué no hace falta tocar.
Si procede, aplicamos flúor o sellamos los molares el mismo día, programamos la limpieza dental que le corresponda y dejamos fijada la siguiente revisión.
Estos son los que más se repiten entre el año y los doce. En todos usamos anestesia cuando toca: un niño no tiene por qué pasarlo mal.
Se rellenan los surcos de los molares definitivos, que es donde más caries aparecen. No duele, no lleva anestesia y se hace en una sola visita.
Barniz que endurece el esmalte y frena las manchas blancas que todavía no son cavidad. Se repite cada tres o seis meses según el riesgo de cada niño.
Cuando la caries ya ha hecho agujero. En dientes de leche usamos materiales que liberan flúor y aguantan bien hasta el recambio.
Cuando la caries ha llegado al nervio. Es el equivalente a la endodoncia del adulto, adaptado al diente de leche, y evita tener que extraerlo.
Golpes, dientes rotos, movidos o que se han salido enteros. Atendemos estos casos de forma preferente: las primeras horas cambian el pronóstico.
Solo cuando no hay alternativa, y valorando siempre si hace falta mantener el espacio para el definitivo que viene detrás.
La mayor parte del resultado no se juega en la consulta, sino en el cuarto de baño. Estas son las cinco cosas que más repetimos a los padres.

La primera revisión de ortodoncia se recomienda hacia los seis o siete años, cuando ya han salido los primeros molares e incisivos definitivos. No significa poner aparato: significa comprobar si los maxilares están creciendo como deben y si va a haber sitio para los dientes que faltan por salir.
En algunos casos merece la pena actuar entonces, mientras el hueso todavía está creciendo: es lo que se llama ortodoncia interceptiva, y sirve para corregir mordidas cruzadas, falta de espacio o hábitos como la respiración bucal antes de que se consoliden. Si vemos algo, te lo decimos y lo valoramos junto al equipo de ortodoncia.

«Mi hija venía llorando de otra clínica. Aquí la primera cita fue solo para conocer a la doctora y jugar con el espejo, no le tocaron nada. En la segunda se dejó empastar sin rechistar y salió pidiendo volver.»
Al cumplir el primer año, o antes si ya ha salido algún diente y ves algo raro. Aunque no haya ningún problema, esa primera cita sirve para revisar cómo va la erupción, resolver dudas sobre el cepillado y, sobre todo, para que el niño entre en una clínica dental sin que le duela nada. Es mucho más fácil ganarse a un niño sano que a uno con dolor.
Sí, casi siempre. Un molar de leche no se cae hasta los diez u once años, así que una caries a los cinco tiene mucho tiempo para llegar al nervio, doler e infectarse. Además, si el diente se pierde antes de tiempo, el espacio se cierra y el definitivo se queda sin sitio.
Ponemos anestesia siempre que el tratamiento lo requiera, igual que en un adulto. Antes usamos anestesia tópica en gel para que ni siquiera note el pinchazo. La idea de que los niños aguantan sin anestesia porque son pequeños es falsa y además es la mejor forma de crearles miedo para siempre.
Sí, salvo que veamos que tu presencia está poniendo al niño más nervioso, que también pasa. Si es el caso, lo hablamos contigo antes. En cualquier caso, al terminar siempre te explicamos qué hemos visto y qué hemos hecho.
Cada seis meses como norma general. En niños con mucho riesgo de caries, con ortodoncia o con algún tratamiento en marcha, a veces las acortamos a tres o cuatro meses.
Llámanos el mismo día. Guarda el trozo si lo encuentras y tráelo en leche o suero fisiológico, nunca en agua. Muchos fragmentos se pueden volver a pegar si llegan pronto y en buen estado.
Si es un diente definitivo, sí, y es urgente: cógelo por la corona sin tocar la raíz, enjuágalo con suero sin frotar y tráelo en leche o suero, o reimplántalo tú mismo en su sitio si te ves capaz. Cada minuto cuenta. Si es un diente de leche no se reimplanta nunca, pero conviene que lo veamos igualmente.
Solo hacemos las que aportan información que no podemos obtener mirando. Los equipos digitales actuales usan dosis muy bajas y trabajamos siempre con protección. El riesgo de no detectar a tiempo una caries entre dientes es bastante mayor.
Es normal y no pasa nada. Trabajamos por aproximación: una primera visita sin tocar, una segunda con una limpieza y, a partir de ahí, lo que haga falta. Casi todos los niños acaban colaborando si no se les fuerza el primer día.
Hacia los seis o siete años conviene una primera revisión, aunque en la mayoría de los casos no haya que hacer nada todavía. Sirve para detectar mordidas cruzadas, falta de espacio o hábitos que se corrigen mucho mejor mientras el niño está creciendo.
Pide cita para tu hijo. Revisamos su boca, te contamos qué vemos y te decimos con franqueza si hay algo que hacer o si basta con vigilar.
Cuéntanos su edad y qué te preocupa, y te llamamos para buscar el mejor momento. Estamos en Mirasierra, Madrid.
Hemos recibido tu solicitud. Te contactaremos muy pronto para confirmar tu cita.